Información General

 

Vilardecervos, también conocido como San Vicente de Vilar de Cervos, es un pequeño pueblo de la provincia de Ourense que ha sufrido la tendencia general de despoblación rural, perdiendo en los últimos cincuenta años más de 400 habitantes. La parroquia ocupa una extensión de aproximadamente 15,7 km² y actualmente cuenta con una población de 119 habitantes.

Es un ejemplo vivo de cómo el paisaje y la orografía condicionan la vida y la cultura en un rico entorno natural. Aunque esta aldea fue conocida por sus minas de wolframio y estaño, hoy en día abandonadas, su economía tradicional es rural, basada en la agricultura de subsistencia, la ganadería extensiva (de vacuno y ovino) y la explotación forestal sostenible, sobre todo de castaños para el aprovechamiento de su fruto, la castaña. Las parcelas agrícolas son pequeñas y dispersas, muchas en terrazas para aprovechar el terreno inclinado y, aunque la actividad agrícola ha ido disminuyendo, todavía se mantienen cultivos de cereales, hortalizas, frutales (destacando los manzanos y cerezos) y viñedos.

En la actualidad, y por iniciativa de un grupo de mujeres emprendedoras, con el fin tanto de conseguir un empleo como de aprovechar los recursos del entorno, se está tratando de recuperar la tradicional “cabrada”, un rebaño de cabras particulares con pastoreo común en monte comunal.

La orografía de Vilardecervos está dominada por sierras y montañas de baja y media altitud. El terreno presenta pendientes pronunciadas, con formaciones rocosas graníticas y pizarrosas, típicas de esta región. Los valles fluviales son estrechos, con riberas boscosas y zonas de pradera. En las zonas más altas, los suelos son más pobres y predominan los pastizales y matorrales.

El clima combina rasgos mediterráneos, como veranos cálidos acompañados de sequía, con influencias de montaña y atlánticas que aportan mayor humedad y temperaturas más frescas en invierno, configurando un clima que favorece la diversidad natural y agrícola de la zona.

Ruta ambiental y etnográfica “un pasado con futuro”

 

Cada punto de interés está señalado mediante un poste que tiene una chapa en su parte superior con un código QR grabado. Una vez leído, este código conectará con una página web que presenta información relevante del lugar o de algún aspecto destacable.

Se trata de una ruta circular de unos 6.800 m. moderadamente exigente por las pendientes que hay que afrontar. Integra la riqueza del patrimonio natural e histórico de la zona y permite disfrutar de un entorno privilegiado sin causar daños al mismo. Con este recorrido se quiere destacar la importancia de conservar el pasado y el mundo natural, para sembrar un futuro duradero y resiliente. Memoria y naturaleza se entrelazan para inspirar un futuro sostenible.

Como lugar de partida y llegada de la ruta se ha elegido el horno comunal y la fuente de dos caños de Vilardecervos, ya que ambos son importantes puntos de reunión social. Los hornos de leña comunales son un símbolo de la vida rural gallega, vinculados a la autosuficiencia, la cooperación vecinal y la preservación de tradiciones ancestrales. Asimismo, con el horno comunal se pretende simbolizar cómo el arte del pan une generaciones y alimenta un futuro más enriquecedor. 

Con el paso del recorrido por fuentes y lavaderos también se desea destacar que eran espacios de convivencia diaria donde los residentes se encontraban, compartían noticias y fortalecían los lazos comunitarios, especialmente las mujeres que iban a buscar agua o lavar la ropa. Se quiere enfatizar que el agua es un recurso imprescindible para la vida de los ecosistemas y para el desarrollo de la actividad humana, por lo que su cuidado y buena gestión es una necesidad. 

 

El itinerario transcurre por un rico paisaje en mosaico que combina terrenos agroganaderos con zonas arboladas, vegetación arbustiva, vegetación riparia y abundantes rastros de diversas actividades humanas. Todo ello crea un hábitat heterogéneo que favorece la presencia de una fauna y flora muy diversa, mostrando cómo la coexistencia entre los ecosistemas naturales y las actividades humanas ha moldeado este entorno único. El trayecto cruza el río Portos (o Fornos) en dos ocasiones, una a través del puente “O Pontón“ sustituto del puente tradicional construido a finales del siglo XIX y que se encuentra unos 600 metros río abajo, y en otra ocasión a través de un paso de piedras o “poldras” como se le designa en Galicia a una serie de pasos formados por piedras dispuestas una seguida de otra. Este paso es una construcción reciente, reemplazando al que se perdió, pero existen otros con miles de años de antigüedad, algunos con características que sugieren influencias del Neolítico. Son considerados los primeros puentes construidos por el ser humano.

 

Al acercarnos al río podremos disfrutar del frescor que nos proporciona el bosque de ribera, uno de los tantos beneficios que nos aporta este ecosistema tan importante.

En la zona se conservan vestigios de hasta 8 explotaciones mineras de wolframio y estaño, continuando la primera hasta bien entrado el siglo XX, y estando documentada la segunda desde el siglo XVI. A lo largo del recorrido se pueden observar huellas de esta actividad extractiva que, con el paso del tiempo, han terminado por formar parte del paisaje y se han convertido en un valioso testimonio y un componente cultural único del entorno de Vilardecervos.

Un ejemplo de ello son las oquedades, que hoy se encuentran rellenas de agua y cubiertas de vegetación gracias a un proceso de evolución natural, que se originaron como consecuencia de la explotación de la mina a cielo abierto de estaño conocida localmente como “A Foca”. También pasaremos por el tanque minero “Cerezales” que ha sido rehabilitado con el objetivo de favorecer la conservación del grupo de vertebrados más amenazado del mundo, los anfibios.

Asimismo, aparecen en la zona muestras de arte rupestre, concretamente petróglifos, que son grabados esculpidos en roca entre las edades del bronce (2.000 – 1.000 a.C) y del hierro (600 a.C). Concretamente visitaremos los petróglifos das Penedas, una agrupación extraordinaria de grabados cruciformes, pues comprende más de 100.

También cabe destacar la presencia en el entorno de un lagar rupestre, prueba física indiscutible del origen milenario de la producción vitivinícola en Galicia. 

"Caminar por esta ruta es recordar que nuestro pasado es la raíz que sostiene el presente y la semilla que cultiva un futuro sostenible para todas."