FAQ Conocimiento tradicional

1- ¿La agroecología es la agricultura tradicional que hacían las generaciones mayores?

Las generaciones mayores previas a la llegada de la Revolución Verde (la agricultura industrial, química, mecánica, intensiva…) practicaban una agricultura que poseía algunas claves de gestión y producción. Eso es lo que se debe aprovechar y combinar con nuevas formas de entender esos mismos conocimientos para construir sistemas agroalimentarios más sustentables.

Los sistemas tradicionales han sido también explotadores, injustos y excluyentes de personas por su posición social, sus recursos, su sexo, su edad, etc. La Agroecología también plantea reubicar esas desigualdades para mejorar la situación y hacerlo más justo.

La Agroecología no quiere mitificar la vida “tradicional” per se, sino que quiere restar y poner en valor y en uso los saberes y prácticas que eran sustentables, desechando aquello que era opresor y excluyente. Para eso, a través del diálogo de saberes y las metodologías participativas, la Agroecología se entiende también como una filosofía de acción desde criterios de sustentabilidad extensa.

2- ¿Qué diferencia hay entre la agricultura ecológica y la agroecología?

La agricultura ecológica se ha quedado presa de la definición de un reglamento internacional (IFOAM, Reglamento 834/2007 UE, etc.) y que sólo plantea la prohibición de uso de productos químicos de síntesis y el bienestar animal. Sin embargo, la agricultura ecológica en sus inicios era toda la parte ecológica-productiva en finca teniendo en cuenta otros parámetros. En realidad, esa agricultura ecológica es lo que se consideraba la agroecología técnica: las bases ecológicas de la agricultura para aumentar su sustentabilidad. Más fácil: cómo aprovechar los conocimientos de la Ecología para reaplicarlos a la gestión de los cultivos agrícolas y el manejo ganadero.

En ese sentido se llega a entender que el conocimiento tradicional campesino e indígena ya tenía muchas de esas soluciones y prácticas. Por eso se dice que “si hemos de ser rigurosos, hemos de hablar con propiedad de “redescubrimiento” de la Agroecología o de formulación letrada (con el lenguaje científico convencional) de muchos de los conocimientos que atesoraban las culturas campesinas, de transmisión y conservación oral, sobre las interacciones que se producían en la práctica agrícola. De hecho, la historia de la agronomía está salpicada, de manera más intensa en los últimos años, de “descubrimientos” de saberes y técnicas que habían sido ensayadas y practicadas con éxito por muchas culturas tradicionales” (Guzmán et al. 2000:81).

Y más aún, la agroecología se amplía a comprender que los sistemas productivos agrarios forman parte y están insertos en estructuras sociales y culturales más amplias, dependientes de estructuras de poder de la sociedad mayor, estructura de propiedad de la tierra, su relación con el sistema agroalimentario en su conjunto, mercados laborales, dinámicas sociales de desagrarización productiva y cultural, etc. De ahí que la Agroecología se preocupe por entender (y modificar) esas relaciones sociales y de poder para construir sistemas agroalimentarios más sustentables, apoyando procesos de “desarrollo” rural desde la propia gente y vinculado al aprovechamiento autónomo de sus propios recursos de manera equitativa.

3- ¿Cómo se verifica que un producto es ecológico?

El reglamento europeo de agricultura ecológica tiene unos criterios, compromisos y protocolos por los que se determina que hay diferentes organismos de control acreditados (públicos o privados) que mediante una serie de analíticas de suelos y productos, visitas a finca donde se comprueban el estado de los cultivos y un seguimiento de insumos, entradas y salidas de productos, se verifica que los productos cumplen con el Reglamento 834/2007. Además en muchos casos se están haciendo análisis de trazabilidad de productos para comprobar que no tienen residuos de productos químicos de síntesis.

Por otro lado, hay otro tipo de mecanismos de control que promueven la autogestión y basan su certificación en visitas entre productores, consumidores y técnicos, en diferentes proporciones y modelos, para avalar que los manejos son ecológicos o agroecológicos, y además se suelen incluir criterios sociales de equidad, algo que no incluye el Reglamento europeo. Estos son los llamados Sistemas Participativos de Garantía, y que permiten un tipo de relaciones más horizontales y más implicativas. Estos SPG suelen incluir además otros criterios como el de proximidad en kilómetros, manejos agroecológicos, etc. Os adjunto este link por si es de vuestro interés: http://www.soberaniaalimentaria.info/otros-documentos/estudios/107-sistemas

Por eso mucha gente no habla de productos ecológicos sino de alimentos sustentables.

4- ¿Qué se entiende por conocimiento tradicional campesino?

El conocimiento tradicional campesino es todo aquel conocimiento que poseen las personas que manejan el territorio desde prácticas productivas agrarias, entendiendo que el campesinado posee unas lógicas mucho más amplia e integral que la de la agricultura industrial (“moderna”, convencional). En este sentido, el conocimiento campesino es algo que está incluido en las lógicas de las personas que forman parte de las unidades familiares campesinas ya que todas las personas tienen una función y manejan en cierto modo alguna parte de los procesos productivos y de gestión del territorio (ya sea la finca concreta así como el agroecosistema más amplio, desde una mirada territorial). El conocimiento tradicional está repartido de manera desigual y hay quienes poseen más y mejores claves: es decir, son más expertas, y además tienen más capacidad para transmitir dicho conocimiento. Este conocimiento se transmite fundamentalmente a través de la propia práctica y acompañado de narraciones más o menos elaboradas. El papel de las mujeres en este conocimiento tradicional campesino es fundamental, tanto en la parte ecológico-productiva como en la parte sociocultural.

5- ¿Cuáles son las características de la agricultura ecológica tradicional campesina?

Altieri, uno de los científicos de la Agroecología técnica, plantea estas cinco cuestiones sobre el manejo de los recursos naturales: 1) Continuidad y diversidad espacial y temporal. En base a diversos cultivos que se alternan en el tiempo y en el espacio, asegurando el suministro constante de alimentos y la cubierta vegetal del suelo que permite su protección. 2) Uso óptimo del espacio y los recursos. Mediante sistemas complejos de policultivos que permiten la adaptación y aprovechamiento de los recursos ambientales disponibles. 3) Reciclaje de los nutrientes. Mediante prácticas de manejo que permiten mantener la fertilidad del suelo, tales como sistemas de barbecho o de rotación o incluyendo leguminosas en sus patrones de cultivo intercalado.4) Conservación del agua. Mediante sistemas de cultivo adaptados a las condiciones ambientales locales. 5) Control de la sucesión y protección de los cultivos. A través de estrategias como la diversidad de cultivos y variedades cultivadas, cambios en las épocas de siembra o con el uso de insecticidas botánicos.

6- ¿Y a qué tipo de conocimientos se refiere? ¿Hay algún libro imprescindible para introducirse en este tema?

Por conocimiento tradicional campesino, además, se incluyen no sólo los saberes “técnico-productivos”, los saberes de manejo ecológico (especies, variedades, flora, fauna, rotaciones, clima, semillas, riego, etc.), sino que se incluyen también los saberes socioculturales de gestión y organización de la vida social, el acceso y uso a los recursos naturales, la cosmovisión, su cultura material e inmaterial.

Una referencia clave es el libro de Víctor Toledo y Narciso Barrera, “La memoria biocultural. La importancia ecológica de las sabidurías tradicionales” (Icaria, 2008).

Otro texto seminal es el de Alitieri (1991) “¿Por qué estudiar la agricultura tradicional?” en Agroecología y Desarrollo, Año 1, número 1.

Otros textos básicos serían los siguientes:

ITURRA, Raúl (1993), “Letrados y campesinos: el método experimental en antropología económica” en SEVILLA GUZMÁN, Eduardo y GONZÁLEZ DE MOLINA, Manuel (ed.) (1993), Ecología, campesinado e historia, Madrid, La Piqueta.

LEFF, Enrique (1998), Saber Ambiental: Sustentabilidad, Racionalidad, Complejidad, Poder, México, Siglo XXI-UNAM-PNUMA.

TOLEDO, Víctor M. (1993), “La racionalidad ecológica de la producción campesina” en SEVILLA GUZMÁN, Eduardo y GONZÁLEZ DE MOLINA, Manuel (ed.) (1993), Ecología, campesinado e historia, Madrid, La Piqueta.

Personalmente he escrito varias cosas que dan cuenta de una visión integral y compleja sobre el conocimiento tradicional campesino:

  • GALLAR, David; MATARÁN, Alberto (2015), “La construcción social de la ruralidad: coevolución, sustentabilidad y patrimonialización” en CASTILLO José (Ed.) El patrimonio agrario. La construcción cultural del territorio a través de la actividad agraria, UNIA, Sevilla; pp. 73-117. ISBN 978-84-7993-264-0
  • GALLAR, David (2013), “Economías campesinas como cultura a rescatar” en Soberanía Alimentaria. Biodiversidad y culturas, número 12; pp. 18-21. ISSN 2013-7567.
  • GALLAR, David, VIÑAS, Antonio (2011), “Antonio «Rufina»: un campesino consciente. Ciencia campesina y sustentabilidad” en Diálogos, número 67-68, ISSN 1134-7880, 81-88.
  • GALLAR, David (2009) “La recuperación del conocimiento tradicional campesino como herramienta de desarrollo rural sustentable. La construcción de la Universidad Rural Paulo Freire” en Documentación Social (número monográfico “Investigación social y Agroecología: metodologías participativas para un medio rural en crisis”), número 155; pp. 133-152. ISSN 0417-8106.
  • GALLAR, David, SEVILLA GUZMÁN, Eduardo (2007), “Una propuesta de desarrollo local para la construcción agroecológica de la Universidad Rural Paulo Freire”, en Diálogos, Año XII, Volumen 1/2007, número 49-50; pp. 19-29. ISSN 1134-7880.

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7- ¿Cómo podemos llegar a ese conocimiento, cómo hemos de dirigir un proceso de este tipo?

La investigación de conocimientos tradicionales comparte las lógicas de la investigación etnográfica y de otras etnociencias (las ciencias que se encargan de los conocimientos que poseen las distintas culturas desde sus propias lógicas). Como todo proceso de investigación necesita plantearse unos objetivos de investigación y un objeto de estudio: es decir, el qué queremos estudiar en general y de manera específica y para qué lo queremos investigar.

Una vez que tienes claro ese punto de partida hay que elegir las técnicas de investigación que nos ayudarán mejor a recoger ese conocimiento: entrevistas, observación, recogida de muestras, talleres grupales, caracterización morfológica de variedades, análisis de archivos históricos…

Cada una de estas técnicas de investigación poseen sus propias “especificidades” de uso: cuándo y cómo aplicarlas, cómo aprovecharlas…

También se ha de elegir a la gente con la que vamos a trabajar: es decir, a quién vamos a entrevistar, a quién le vamos a pedir semillas, qué lugares y eventos vamos a analizar… Puesto que el conocimiento no está repartido por igual debemos tratar de concentrarnos en las personas que más conocimientos tengan.

Después hay que poner en orden toda esa información y darle alguna utilidad. En ese sentido, las metodologías participativas y las devoluciones que implican a la gente son esenciales.

8- ¿Los conocimientos tradicionales se recuperan para hacer museos?

No. Claramente, no. Los conocimientos socioambientales rurales deben recuperarse para aprender de ellos y ponerlos en uso de manera actualizada y adaptada a las nuevas circunstancias. Son fuente de sabiduría de cómo se manejan cultivos, animales, bosques, pastos, etc., sin el uso de productos químicos y de manera menos agresiva con el medio ambiente. Esa memoria que poseen las personas mayores sobre la gestión del territorio debe ser un activo en el desarrollo productivo y cultural de cada zona para generar la transición a formas de agricultura ecológica y a recuperar cultivos y aprovechamientos tradicionales que ahora son demandados como productos “auténticos” y “naturales” y sanos”, y como recuperación de aprovechamientos locales que pueden generar economías sociales y solidarias para la población local.

En cualquier caso, esos conocimientos tradicionales y sus representaciones pueden usarse para crear pequeños museos que ayuden a transmitir y hacer visibles esos conocimientos. Lo interesante en ese caso es que el museo se plantee como un medio y no como un fin: es decir, que la localización y colección de objetos tradicionales, de semillas, de herramientas, fotos, y la ambientación y diseño de los contenidos del museo se haga de manera participativa y sirva para activar esa memoria y se actualice con la participación de las personas mayores, pero también de la gente más joven, de las instituciones, de diferentes sectores (educativos, agrarios, asistencialistas, empresariales, etc.).

Así, la propuesta de los Ecomuseos es muy interesante porque plantea el argumento típico al revés: en vez de meter el territorio y los saberes en un museo, se propone sacar el museo al territorio. Hay múltiples ejemplos en el Estado español y a nivel internacional.

9- ¿Las semillas de variedades locales qué papel juegan en todo esto?

Las variedades locales son importantes porque están adaptadas a las condiciones biofísicas de los territorios y además se han ido adaptando y amoldando mutuamente con las preferencias culturales de la gente. Es decir, por un lado, son más rústicas y resistentes ante enfermedades, plagas o condiciones extremas de la zona, y por eso son valiosas para las personas productoras: porque se pueden reproducir, intercambiar, porque requieren menos insumos químicos, son menos vulnerables, porque son las que mejor se conservan, etc.. Por otro lado, estas variedades locales se han ido escogiendo como las mejores porque son las que más gustan para cocinar con ellas.

Como son las que más gustan son las que más se plantan. Y como son las que mejor se dan son las que más se comen. Eso es lo que a veces se llama “coevolución” entre lo social y lo natural.

Rufino Acosta tiene textos muy interesantes sobre el tema desde una mirada antropológica. Por ejemplo:

http://personal.us.es/racosta/wp-content/uploads/2015/03/La_biodiversidad_en_la_agricultura.pdf

www.revistas.um.es/agroecologia/article/download/182831/152271

Muy buen trabajo técnico y detallado el siguiente estudio realizado porCristina Ibancos Núñez y Ramón Rodríguez Franco, bajo la dirección de Rufino Acosta: “Biodiversidad y Conocimiento Local.  Las Variedades cultivadas autóctonas en el entorno de Doñana” (http://www.juntadeandalucia.es/agriculturaypesca/portal/export/sites/default/comun/galerias/galeriaDescargas/cap/produccion-ecologica/estudios/estudio-biodiversidad/completo1.zip)

10- ¿Entonces podemos meter las semillas en museos o bancos de semillas?

Las semillas, al igual que los conocimientos y las herramientas u objetos de cualquier actividad tradicional, no pueden guardarse únicamente en museos o en bancos de semillas como objetos inertes o congeladas para su mejor conservación. Eso es lo que se llama conservación ex situ: es decir, fuera de su lugar. Esta labor es importante como fondo de emergencia y reserva para salvaguardar esas semillas. Pero lo que se propone es que se favorezca la conservación in situ: que la gente las use, las intercambie y las reproduzca… Eso sí, en esta labor de la conservación in situ siempre es importante que hay algunas personas “sabias” que tengan los conocimientos necesarios para reproducir los mejores frutos y cuidar que no se pierdan las semillas. En todo caso, cuantas más semillas haya por las huertas locales mejor.

Para esto puede consultarse la web de la Red de Semillas estatal: http://www.redsemillas.info/, y la de la Red Andaluza: http://redandaluzadesemillas.org/ Ambas tienen muchos recursos e informaciones sobre el tema.

11- Entonces, ¿la recuperación de saberes tiene que ir vinculada a actividades productivas?

Desde la Agroecología entendemos que para no meter en museos estos saberes ni en congeladores las semillas, hay que promover su uso: que se conozcan, que se cocine, que se intercambien… Para eso es importante la revalorización de las características de esas producciones y esos saberes, y que la gente las consuma. La creación de mercados de productoras es una forma muy potente de dar a conocer estas variedades locales, pero hay múltiples formas de acercar a consumidoras y productoras a través de estos productos de altísima calidad como son las variedades locales y “fidelizar” su uso dando conocimientos que hagan que la gente las valore: las personas productoras por sus características productivas y las consumidoras por su sabor, su textura, la autenticidad, las recetas antiguas, etc. El autoconsumo a través de las huertas de la propia gente, los huertos sociales que haya…, las sociedades gastronómicas, clubes de cocina, ferias de tapas locales, incluirlas en los restaurantes…, los comedores escolares y otros espacios colectivos de consumo social, etc., son diferentes opciones de poner en valor (y con intención de viabilidad económica) el rescate de esas variedades locales, sus saberes y la actividad en su conjunto, acercándose a la cultura alimentaria local.

12- ¿Qué técnicas de investigación se pueden usar para recuperar saberes tradicionales?

Los saberes tradicionales como los estamos planteando aquí son una cuestión compleja y extensa, que abarca cuestiones ecológico-productivas propias de las ciencias naturales y cuestiones de organización social, aspectos culturales y factores económicos más propias de ciencias sociales. Por ello lo importante de cualquier proceso de recuperación de saberes es definir claramente qué es lo que queremos rescatar y para qué lo vamos hacer, teniendo en cuenta las capacidades, recursos y tiempo con los que contamos.

Las cuestiones técnico-productivas pueden requerir análisis de laboratorio, elementos científicos de caracterización de variedades, análisis de suelos, etc., que normalmente quedan fuera de las capacidades de cualquier asociación local, pero en ese caso la articulación con otras instituciones y la universidad puede ser una herramienta muy interesante para lograr resultados concretos y para involucrar a otros actores en la cuestión.

Además, de estas cuestiones técnicas, hay muchas preguntas y conocimientos sobre el manejo de semillas, suelos, ganado, pastos, bosques, etc., que podemos recoger de la propia gente sin necesidad de instrumentos de laboratorio. Para eso podemos usar cualquiera de las técnicas de investigación social. Por ejemplo, se pueden usar encuestas para hacer preguntas más o menos cerradas a la población y poder usar esos resultados en una presentación cuantitativa sobre percepciones, usos, consumos, o cualquier tema que nos interese. Desde una perspectiva científica hay que mantener una serie de protocolos para que esto tenga validez a partir de la significatividad y representatividad estadística, pero también se puede usar  de manera más instrumental para conocer la opinión o los datos concretos que nos interesen, y también puede ser una herramienta de dinamización sencilla para acercarse a alguna gente. También la presentación de esos resultados sirve como un respaldo ante instituciones o colectivos, y puede ser una buena excusa para juntar a gente o hacer que se interesen y se involucren en otras tareas.

Otra técnica son las entrevistas: es decir “conversaciones” individuales o grupales en las que quien está haciendo la investigación lleva de antemano un guión de preguntas clave sobre qué es lo que quiere saber de esas personas y las va lanzando a la(s) otra(s) persona(s) para que pueda responder de manera amplia y explicando su punto de vista, incluyendo cualquier otra información que a la(s) persona(s) entrevistada(s) le parezca relevante y que en principio no estaba contemplada en el guión inicial. Esa es la diferencia esencial con las encuestas: en una entrevista la gente se puede explicar, mientras que en la encuesta sólo pueden responder de manera directa a las preguntas cerradas. Ambas son válidas pero producen resultados y datos muy diferentes que debemos aprovechar según el objetivo de nuestra investigación y la fase en la que estemos.

Por otro lado, hay técnicas participativas, en las que se trabaja de manera colectiva algún tema aprovechando herramientas de dinamización e investigación: todas las personas asistentes pueden ver y aportar información y puntos de vista sobre el tema, complementándose entre sí y haciendo bueno el dicho de “piensan mejor dos que uno” o “más ven cuatro ojos que dos”. Esto hace que la información obtenida sea más amplia y esté más contrastada,. Además, es interesante porque se puede aprovechar este tipo de talleres para implicar a estas asistentes a nuevas tareas, a revisar los resultados, a plantear sus utilidades, etc.

13- ¿Son incompatibles estas técnicas entre sí?

Claro que no. De hecho es más potente cuando se usan de manera combinada, tanto las cuestiones técnicas ecológico-productivas como las que tiene que ver con conocimientos de la gente, y entre esas técnicas de investigación social combinar la encuesta, las entrevistas y los talleres. Lo importante es saber para qué sirven y en qué momento las queremos usar para integrarlas en un proceso más amplio de reactivación de saberes socioambientales en el territorio.

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14- ¿Qué es una historia de vida? ¿Me puedes pasar una referencia bibliográfica básica?

Una historia de vida es la técnica que consiste en “reconstruir” narrativamente las etapas de la vida de una persona especialmente significativa por su  posición social, sus conocimientos, por los procesos sociales e individuales en los que ha estado involucrado y que permiten usar su vida como una vía de comprensión de fenónemossociohistóricos más amplios que los propiamente personales.

Para ello se hacen varias entrevistas con la persona elegida y se van cubriendo las distintas etapas de su vida y se va profundizando temáticamente en los aspectos que más nos interesen. El uso de sus fotos es una forma de hacer salir a la luz recuerdos concretos y generales, y sirven de material para acompañar a la narración escrita. También se realizan entrevistas a personas de su entorno para completar información y sirve para cotejarla.

Este es un método intensivo y que requiere la “conexión” entre la persona entrevistada y la persona investigadora, requiere de un feeling que depende de las habiliades sociales de quien pregunta, sus conocimientos previos de los procesos y tiempos de los que habla la otra persona, la capacidad de empatizar, la habilidad “investigadora”, el tener un buen diseño de temas y unos objetivos bien definidos…

Hay un texto básico sobre esto que es el de Juan José Pujadas (1992), “Método biográfico: el uso de las historias de vida en ciencias sociales” (Cuadernos Metodológicos del CIS).

Una aplicación interesantísima aunque en contexto indígena boliviano es el libro de Stephan Rist, “Si estamos de buen corazón hay producción”, que maneja varias historias de vida para hablar de la gestión ecológica y social de los territorios de las comunidades andinas. (http://www.agruco.org/agruco/pdf/siestamos.pdf)

Hay otras formas menos intensivas que la historia de vida, y que son los relatos de vida: son entrevistas únicas (o máximo dos) donde una persona nos cuenta su vida, pero nosotras le vamos haciendo preguntas según un guión y unos objetivos que tenemos. Esos relatos de ida se pueden y deben combinar entre sí, según una muestra representativa y significativa, para “montar” una historia oral de un tema, región o época…

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15- ¿Quiero hacer una historia de vida de una agricultora mayor de huerta? ¿Cómo he de empezar?

Eligiendo bien qué queremos “descubrir”, qué procesos y saberes nos interesan. Para ello debemos tener suficientes conocimientos sobre el tema para que no nos hablen de cosas que no conocemos para nada. Después buscando a las personas que mejor representen y hayan vivido esos procesos y posean esos conocimientos. Eligiendo entre ellas a quienes mejor puedan transmitirla. Poniendo empatía, cariño y paciencia a las sesiones de entrevistas que hagamos. Y después complementando con otras fuentes de información (otras personas y documentación).

Por supuesto, estas sesiones hay que grabarlas en audio y/o vídeo…

Pero en todo caso, si alguien se quiere poner a ello, deberíamos hablarlo con más calma para diseñar bien el proceso.

16- ¿Cualquiera puede hacer una entrevista como investigadora?

Sí y no. No es algo que requiera grandes conocimientos técnicos, pero sí que necesita una preparación, una formación previa y unos objetivos muy bien planteados. Hay cosas que se pueden preparar para que la entrevista sea lo mejor posible: hacer un guión de investigación, tener un guión de preguntas de entrevista previsto, que la persona seleccionada tenga conocimiento real sobre el tema, que  tenga facilidad para transmitir esa información…

Y luego además hay una serie de características ideales de la “buena entrevistadora”: 1) conocedora del tema, 2) estructuradora de la conversación, 3) clara en sus intervenciones y en su forma de expresarse, 4) gentil con la persona entrevistada, 5) sensible a los comentarios de la otra persona, 6) abierta a los temas que vayan surgiendo, 7) conductora de la conversación para evitar demasiados “viajes por los Cerros de Úbeda”, 8) crítica con la información que está escuchando, 9) memorizadora de lo que le están contando y 10) intérprete de la información que está recibiendo.

Algunas personas tienen más habilidades sociales para cumplir con estas características, pero en todo caso estas habilidades se pueden trabajar con la práctica.

Una vez que tenemos estas habilidades trabajadas ya se puede hacer una buena entrevista.

17- ¿Una entrevista es una conversación entre dos personas?

En realidad no. Tiene que parecerlo, pero no es una conversación tal cual, porque en la situación de entrevista hay una persona que quiere saber algo de la(s) otra(s) persona(s), y eso marca toda la conversación. Básicamente, hay una persona que pregunta y otra que responde…, teniendo la habilidad para que no se tenga que estar preguntando e interrumpiendo todo el tiempo a la otra persona. En ese caso, hay que tener la habilidad para hacer sentirse cómoda a la persona entrevistada y que se parezca lo menos posible a un interrogatorio. Pero a la vez hay que “impedir” que nos cuenten tres veces la misma historieta o anécdota que se sale de nuestro tema de investigación: hay que hacerlo con cuidado, cariño…, y hacer volver a los temas que nos interesan: una de las formas más sencillas es plantear el último tema del que se estaba hablando antes de la digresión: “ah, qué interesante lo que me está contando, pero antes me empezó a decir…”.

En la entrevista también se usan algunas “estrategias” como cuidar el lenguaje verbal y el no verbal, reafirmar y repetir ciertas frases de la persona entrevistada, haciendo efecto eco, interpretando sus palabras o resumiéndolas para lograr mayor detalle o aclaraciones, etc. El silencio tambiés es importante de gestionar: no hay que tener miedo a dejar algunos momentos de pausa en los que la gente piensa, recuerda…, pero evitando los silencios incómodos en los que no se sabe de qué hablar…

Y siempre con una escucha activa: no se trata de escuchar una historieta o de opinar en igualdad de condiciones: se trata en la entrevista de que la situación sea lo más cómoda posible para que la otra persona pueda expresarse y contarnos lo que quiera y que se adapte a nuestros objetivos de investigación.

18- ¿Qué es y cómo se hace un guión de entrevista?

El guión de entrevista es una especie de esquema en el que ubicamos cuáles son los principales temas de investigación, es decir, cuáles son realmente las preguntas que nos estamos haciendo y que dan sentido a nuestra investigación. Son las preguntas a las que queremos dar respuesta cuando terminemos nuestra investigación. Pueden ser objetivos y preguntas más descriptivos o más analíticos, pero lo importante es saber qué es lo que estamos buscando.

Y una vez que tenemos esas preguntas claras, podemos hacernos un guión de preguntas que podríamos hacer directamente a las personas con las que vamos a hablar: no se trata de hacer un cuestionario, sino de tener algunas fórmulas ya pensadas para que las preguntas que vamos a hacer sean lo más correctas posibles.

Estas dificultades se reducen cuando la entrevista está más cerrada y hacemos las mismas preguntas a todo el mundo, e incluos las podemos leer en el mismo orden. Pesa forma tiene la ventaja de ser más fácil para quien investiga y da resultados más directos, pero tiene el inconveniente de que no deja espacio para quela gente se exprese, explique sus puntos de vista, sus recuerdos, sus percepciones, y que nos dé respuestas que no teníamos contempladas en nuestro guión muy cerrado y que sin embargo nos pueden dar información muy valiosa. Estas son las diferencias entre una entrevista abierta o en profundidad, y la entrevista estructurada. Cada una tiene sus ventajas e inconvenientes y son útiles para cuestiones distintas. La elección depende del objetivo de nuestra investigación, de qué es lo que queremos saber.

19- ¿La entrevista se graba en audio y luego hay que transcribirla?

Sí. La idea es llevar una grabadora (también puede ser un mp3, o ahora con los móviles que tienen esa función) y pedir permiso a quien vamos a entrevistar, aclarándole que es para poder después transcribir lo que dice y así no tener que estar tomando notas todo el rato.

Esa grabación luego hay que transcribirla de manera literal y con ese texto podemos coger los fragmentos que más nos interesen para contrastar  la información entre diferentes informantes, ordenar la información según nuestras prioridades, etc.

20- ¿Cuántas entrevistas se hacen en una investigación?

Las que sean necesarias, que son la cantidad suficiente para dar respuesta a las preguntas que nos estamos haciendo. Para ello hay un criterio básico que es el de la “saturación teórica”: es decir, las cosas que nos cuentan en las distintas entrevistas se empiezan a repetir y por cada entrevista nueva obtenemos muy poca información adicional. Ese es el momento en el que dejamos de hacer entrevistas.

Estos es un criterio muy distinto al de una encuesta en el que hay que definir una muestra estadística (o una aproximación significativa en el peor de los casos) para poder dar respuesta desde unos mínimos criterios científicos.

21- ¿Y qué hago con esos datos?

Una de las formas de hacer el análisis es ordenar toda la información por temáticas: lo que se llama también “fichas analíticas”. Es decir, coger todos los fragmentos de las transcripciones (y de fuentes secundarias o de otras técnicas) e identificando siempre de quién es la cita (quién es la persona que habla) las vamos comentando, comparando para ver similitudes y diferencias, enfoques propios de cada entrevistada, comparación entre lo que dicen las personas entrevistadas según su edad, su sexo, su profesión, etc., y compararlo también con lo que dicen otros libros o informes…

22- ¿A veces se habla de usar un marco teórico para interpretar los datos?

Sí, tanto para interpretar los datos como para diseñar la investigación: es decir, según las preguntas que nos hagamos (los objetivos) tendremos que usar unas técnicas y una selección de personas a las que entrevistas/encuestar o plantas o suelos que analizar… Ese marco teórico serían como las “gafas” con las que vamos a mirar el territorio y la realidad con la que queremos trabajar.

Desde la Agroecología entendemos que la sustentabilidad es un enfoque amplio que nos lleva a buscar y entender cuál es el estado ecológico de los recursos naturales, la viabilidad económica y el reparto de beneficios y costes, la distribución del poder y de la toma de decisiones, y la proximidad o distancia cultural con respecto a la identidad local. A eso entendemos que hay que añadir necesariamente un enfoque de equidad de género para visibilizar las desigualdades (o no) entre hombres y mujeres.

23- ¿Cuál es el papel de las mujeres en todo esto?

Las mujeres son en muchos casos parte fundamental de las economías y los saberes tradicionales.

Por un lado, es importante rescatar y visibilizar el papel de las mujeres en las actividades productivas: no sólo como “ayuda” a la explotación familiar, sino como parte esencial de las tareas, asumiendo responsabilidades y cargando con tareas. Esta función ha sido y sigue siendo invisibilizada por la visión dominante de los hombres en el ámbito público y más productivo, favorecido por la cultura tradicional, pero también por las normativas que favorecen que, por ejemplo, la propiedad de la tierra o de las explotaciones no esté a nombre de las mujeres o de manera compartida…, o que en caso de que haya que elegir sean los hombres quienes se dan de alta en las explotaciones, cursos y demás, reproduciendo el estatus dominante de los hombres en lo público. En todo caso, esta discusión necesita una reflexión más sosegada y la investigación de las tareas y saberes (tradicionales y actuales) de las mujeres puede ser una magnífica ocasión para plantear una mirada que tenga en cuenta la equidad de género y la revalorización del papel de las mujeres en la agricultura.

Por otro lado, las mujeres han sido y siguen siendo quienes mantienen la responsabilidad de todas las tareas de cuidados en las casas, lo que incluye entre otras mil cosas, la tarea de la socialización y la transmisión de saberes vinculados a la alimentación. Esta gestión de la alimentación incluye el pensar qué es comer bien, cómo gestionarlo, cuándo y cómo hacer la compra, cocinar la comida y facilitar los espacios de comensalidad, transmitiendo además una cultura alimentaria y unos patrones alimentarios adecuados.

 

Sobre estos temas os puedo recomendar el libro “Género, agroecología y soberanía alimentaria”, coordinado por Emma Siliprandi y Gloria Patricia Zuluaga (Editorial Icaria), que incluye visiones desde el Estado español y desde Latinoamérica.

 

Además, os recomiendo que se visite el material didáctico que recogen las compañeras de El enjambre sin reina: http://elenjambresinreina.eu/agroecologia/arGenero.html, donde se pueden encontrar algunas referencias básicas sobre género y soberanía alimentaria, muchas disponibles en internet.

24- ¿Cómo se trabaja con técnicas participativas la recuperación de conocimientos tradicionales?

Hay un manual muy sencillo con un montón de herramientas con las que poder trabajar de manera colectiva el conocimiento tradicional agrario y territorial: se llama “80 herramientas para el desarrollo participativo” de Geilfus (está disponible en muchas web, así que os dejo que miréis os enlaces por vuestra cuenta y así os descargáis el pdf y veis algunas webs interesantes).

Estas herramientas de Diagnóstico, Planificación, Monitoreo, Evaluación y Seguimiento son muy fáciles de usar y se adaptan a cualquier público y permite tener mucha información de manera muy sencilla, agradable para la gente y que puede permitir “enganchar” a gente al proceso de recuperación. Se puede trabajar una técnica por taller, usar varias sesiones para trabajar temas complementarios, combinar las técnicas, etc.

Lo que es importante, vuelvo a insistir, es el saber qué información queremos obtener y para qué la queremos usar.

25- ¿Y sería interesante grabar las entrevistas en vídeo o hacer fotos de proceso?

Todo el soporte audiovisual es útil para cualquiera de estos procesos: sirve para hacer buenas memorias e informes de investigación, presentar resultados a instituciones; sirve para guardar memoria gráfica; para compartir informaciones… Sirve para generar “productos de devolución” a la gente con la que hemos trabajado y otros colectivos con los que queramos trabajar para hacerlo más atractivo, implicar a más gente, y usarlo como un trampolín para hacer avanzar de nuevo el proceso después de haber hecho una pequeña o gran investigación. Por eso insisto en que es importante plantearse esto de la recuperación de saberes como un proceso abierto y participativo que tenga distintas fases pero siempre desde una visión a medio plazo que incluya la dinamización social del territorio.

Si estamos de acuerdo en que es valioso y os puede ser útil hacer este tipo de vídeos, pequeños documentales o exposiciones fotográficas…, hay que preverlo desde el inicio de la investigación para que no nos olvidemos de hacer las correspondientes fotos y grabaciones. Y cuanto mejor diseñado y previsto esté el resultado final que queremos obtener mejor saldrá porque tendremos mejores materiales con los que montar el producto final.

26- ¿El rescate de conocimientos campesinos tiene validez científica?

Desde el punto de vista de las etnociencias esos saberes poseen su propia validez. Desde el punto de vista de la agroecología se reconoce que esos saberes son esenciales para la gestión ecológica y sociocultural de nuestros territorios y comunidades rurales. Desde el punto de vista de la ciencia con la gente se entiende que es esencial que la ciencia se encargue de los problemas que sufre y plantea la gente, y contar con sus propias propuestas y soluciones.
El diálogo de saberes y la pluriepistemología, es decir, el reconocimiento de que existen otras formas de crear conocimiento más allá de la ciencia convencional, son pilares esenciales. Algo que se está demostrando y reconociendo sobre todo a partir de la investigación sobre cambio climático.

27- Pero todo esto de la investigación de saberes es muy difícil…, ¿no?

Es como todo: no es difícil para quien sabe… , por supuesto, podemos poner los estándares de calidad más estrictos o más laxos. Creo que muchas veces podemos llegara “sacrificar” el rigor científico si se integra en un proceso más amplio de dinamización social. En todo caso, hay una serie de cuestiones básicas que deben estar presentes para que la recuperación de saberes sea más viable y útil: las técnicas deben usarse de manera correcta, los criterios de selección muestrales deben estar claros, los datos deben confirmarse y triangularse con otras fuentes y técnicas, etc. No se trata de convertirnos en expertas de todo, pero sí que hay que manejar cuestiones elementales para poder aplicar estas técnicas.

28- ¿Se logran resultados útiles con estos procesos de recuperación de saberes?

Por supuesto. Evidentemente no se logra cambiar el mundo rural y el territorio de un día para otro ni de manera completa. Hay toda una estructura de normas, legislación, costumbres, condicionantes económicos, dinámicas productivas, dinámicas culturales, que favorecen o bloquean la transición hacia territorios rurales más justos, más sostenibles, que aprovechen mejor sus recursos, de manera más justa, menos contaminante, generando economías sociales y solidarias, y procesos de participación social en todos los ámbitos. Es cierto, es difícil cambiar esas dinámicas dominantes por la presión del “sistema” y porque todas lo hemos interiorizado. Sin embargo, estos son procesos muy potentes para hacer que la gente nos concienciemos de que las cosas pueden ser de otra manera y que cada una puede aportar desde su acción cotidiana. Y que juntas se pueden hacer más cosas que solas.

Por eso, partir de recuperar semillas tradicionales y sus saberes, puede provocar cambios en lo que siembran los productores locales…, o que haya una panadería interesada puede hacer que los productores se animen a sembrar esas variedades…., pero la panadería tiene que tener clientela suficiente…, o a veces es la clientela la que se organiza para hablar con los productores y entre todas convencen a la panadería… El orden nunca es igual ni hay recetas. Lo importante es que haya gente implicada y que le vea utilidad y también cierta viabilidad económica.

 

xt.

29- ¿Hay ejemplos de casos exitosos?

Entre los propios centros territoriales de COCEDER hay algunos ejemplos muy potentes de actualización de saberes y puesta en valor productiva: variedades tradicionales de cereales que se transforman en pasta ecológica en la Sierra Sur sevillana o los intentos de recuperación de variedades locales de avellanos en Cantabria.

En el máster de Agroecología tenemos también múltiples casos de este tipo de procesos. En la biblioteca virtual de la UNIA, aunque no está actualizada del todo, se pueden encontrar muchos de esos trabajos: http://dspace.unia.es/handle/10334/2/search?order=DESC&rpp=10&sort_by=0&page=1&query=agroecolog%C3%ADa&etal=0.

Y en la web del Observatorio de Soberanía Alimentaria y Agroecología (OSALA), www.osala-agroecologia.org también tenemos más de 100 experiencias (españolas y latinoamericanas) sistematizadas de este tipo.

30- ¿El éxito de esos procesos depende de nosotras como investigadoras?

No. Los procesos dependen de la gente, pero sí podemos facilitarlos con estas herramientas de investigación y dinamización, implicando a más actores afines en el territorio, creando espacios de confluencia y de reflexión colectiva, para que la gente organizada de los territorios pueda opinar y definir la utilidad de estos procesos, y se impliquen en ello. Las soluciones desde arriba suelen funcionar peor y son más frágiles, a no ser que tengan mucho poder y mucho dinero invertido. Como ese no suele ser nuestro caso, debemos apostar por procesos participativos con la gente.

 

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